miércoles, 14 de octubre de 2009
Letters
-Why did you stop?
He shrugged his shoulders.
-She turned out to be a bitch. Why did you stop?
She smiled.
-He turned out to be an asshole.
lunes, 28 de septiembre de 2009
LLuvia
jueves, 30 de abril de 2009
Witnessing Creation
-What are you writing?
His eyes face mine, no boasting this time.
-Sublime thoughts.
miércoles, 29 de abril de 2009
Epifanías
Más allá de la mera alusión a la festividad cristiana o a la aparición o visión –según se mire– de divinidades, esta palabra tiene una acepción que puede resultar mucho más cercana.
Esta acepción a la que me refiero la asocio particularmente a James Joyce, escritor irlandés –y habrá quien suspire entre risas pensando que allá voy yo con el monotema–. Joyce usaba esto de "epifanías" con frecuencia al referirse a sus Dubliners. Aunque en mi opinión, ahí Joyce da una interpretación un poco lúgubre ya que suele acompañar las revelaciones particulares de cada uno de los personajes con una “emotional paralysis –of the Dubliner–”, para que así acaben anclados a su entorno y a sí mismos –que es uno de los puntos clave de la colección de relatos; sin embargo ese es otro tema, y deberá ser desarrollado en otro momento–. Teniendo esto en cuenta, retomemos la concepción de epifanía que tenía Joyce: creía que la literatura, el arte debía de ser creado en un momento comparable al éxtasis místico –un poco incoherente, en cierto modo, si tenemos en cuenta que él se tiraba ocho horas para
"ordenar" sus frases–.
Ahora llevemos el concepto fuera del campo artístico, y visualicemos ese momento, cuando tus movimientos se vuelven imperceptiblemente más lentos y tu pensamiento casi se detiene: acabamos de advertir algo; algún aspecto de la realidad acaba de ser percibido de manera diferente, una intuición repentina. Muy Descartes ahora que lo pienso, aun así me permitiré esa similitud ya que, realmente, sin ningún nexo lógico, de súbito, hemos llegado a saber algo. Una experiencia mística propia: una epifanía propia.
¿Quién no ha paladeado alguna vez un miedo, dolor o regocijo supremo al comprender, descubrir finalmente algo sobre sí mismo? ¿Acaso nunca habéis levantado esa mirada segura, por fin, justo tras comprender qué es lo que se debe hacer, qué es lo que se puede hacer? ¿Nunca habéis entendido sin consecución lógica ni motivos razonables cuál es el límite?
Somos una generación que se mueve por epifanías, que se agarra con fuerza a la intuición incompresible humana y que a la vez reniega de todo lo que no se sostente en la razón. Esta es nuestra paradoja culminante, tal vez nos hunda en el relativismo aún más, tal vez nos salve por confiar en nosotros mismos.
Sólo el tiempo lo dirá.
miércoles, 25 de febrero de 2009
Esbozos desde el Inframundo
Procrastination: qué gran palabra.
La cosa es, ¿de qué voy a hablar aquí? Pues no creo que consiguiese, ni aun intentándolo - que de momento no está en mis planes -, dirigir todas las entradas hacia un tema particular - no por nada sino porque no logro ni dirigirme a mí misma la mayoría del tiempo -, así que está condenado convertirse en una acumulación creciente de asuntos fugazmente presentes en mi mente incoherente. Afortunadamente, los temas que rondan mi cabeza suelen ser recurrentes.
Esbozos desde el Inframundo ha sido bautizado como pequeño - pequeñísimo con todo lo que se merece - homenaje al libro de Dostoievsky publicado en 1864 Записки из подполья, en español: Memorias Del Subsuelo, considerada una novela corta precursora del existencialismo. La idea original era llamar tal cual al blog; sin embargo, como era previsible, ya había un blog con esta dirección. Comencé a cavilar alternativas, y he de decir que me sorprendió la cantidad de maneras que hay de sintetizar lo que básicamente sintetiza Memorias del Subsuelo en su título: los recuerdos y reflexiones que derivan de este inferno, inframundo, subsuelo, parte oscura, en definitiva, que todos llevamos con nosotros. Como es obvio, me decanté finalmente por Esbozos desde el Inframundo.
El subtítulo, Rejection of my History, está tomado - con una pequeña modificación - de un verso de una canción de Evans Blue, "Over", que me hizo pensar mucho cuando la escuché por primera vez. La cosa es que yo entendí "rejection" cuando en realidad decía "redemption", de ahí el juego de renegar de aquello por lo que no obtenemos redención.
Por último, está la imagen que me sirve de cabecera. Está tomada de un cuadro de 1914 por Oskar Kokoschka, claramente expresionista: trazos gruesos, líneas duras, poco color en general. Kokoschka pintó el lienzo como homenaje a Alma Mahler, con quien mantenía un relación obsesiva basada en el sexo, después de que ésta se marchase abandonándole. La pintura se titula La Novia del Viento o La Tempestad. Cuando vi este cuadro me pareció muy nihilista, por cómo se diluían el uno en el otro, y la nada alrededor de ambos. Sinceramente, no es nada meritorio ni orginal: por aquel entonces yo veía nihilismo en todas partes.
Bueno, he hablado de las tres cosas que quería hablar en la primera entrada del blog y ya de paso divagado un poco.
¡Hasta la próxima entrada!