lunes, 28 de septiembre de 2009
LLuvia
Rompió a llover con fuerza y sin chispeo previo. Más acorde con Bath que con Sevilla. Sevici no ha estado hoy de mi parte y la bicicleta hace un extraño golpeteo con cada vuelta que dan los pedales, por no mencionar que el sillín no está bien ajustado y se mueve hacía los lados. Los charcos el suelo y la lluvia acentúan la sensación de inestabilidad; pronto los gotas se agolpan en mis ojos y parpadeo con frecuencia, cual parabrisas, todo se vuelve nítido durante breves segundos, sólo para volver a pestañear. Cada vez resuena más contra el suelo. Queda más que medio camino para llegar a casa y ya estoy más que empapada. En media canción he llegado a la siguiente estación de Sevici, suelto la bici y corro para cruzar hacia la parada del autobús. Paro en un paso de cebra esperando no morir atropellada en mi intento de coger el veintitres que ya veo cerca. Ha comenzado una nueva canción. La lluvia sigue cayendo con la misma intensidad; pienso en el libro prestado que llevo en la maleta, ojalá no llegue a mojarse. Alguien me cede el paso finalmente y echo a correr mirando el autobús (como si por mirarlo fuese a esperarme). El estribillo de la canción rompe en ese momento. “And all I need is a little of the good life/all I need is to have a good time”, banda sonora que acentúa el chocar de mis pies mientras corro hacia el veintitrés. Efectivamente lo he alcanzado. Sin embargo en ese momento, quizás por el subidón de la canción, quizás por similitudes con otros momentos, comencé a sentir la lluvia de modo diferente. Y llegó ese momento en el que el mero echo de sentir cómo puedes empaparte siempre un poco más parece fascinante y Sevilla se ve totalmente diferente sólo por estar mojada. Y es increíblemente curioso cómo a menudo cosas aparentemente puteantes pueden hacerte sentir tan plena. Supongo que esa afirmación aclara mucho sobre mi persona. Sobra decir que dejé pasar el autobús.
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